jueves, 11 de agosto de 2011

Manual para involucionar. Aeropuerto de La Palma

Es inevitable que el primer lugar que vean prácticamente todos los visitantes de las islas sea una estación aeroportuaria, motivo por el cual afirmaban las autoridades del archipiélago hace años que se pondría en marcha la construcción de la nueva terminal del aeropuerto de La Palma, para dotar a la isla de una infraestructura moderna y atractiva. Varios años y 230 millones de euros después el resultado es justamente el contrario, apenas  un mes desde su apertura al público lo que se encuentra el pasajero que llega a la Palma es, dicho vulgarmente, una chapuza.

Maquina expendedora sobre palés
Los 230 millones de euros aportados por el gobierno español, confirmados curiosamente justo después de que Coalición Canaria, quién dirige el gobierno de la comunidad, votara a favor de los presupuestos generales del estado, se han convertido en una instalación estéticamente cuestionable y absolutamente incomoda. Si se esperaba que el viajero que llegaba a La Palma se encontrara con un espacio aeroportuario espacioso y confortable, las increíbles dimensiones de la obra así lo prometían, el resultado es un incomprensible entramado de kilométricas salas que se presentan entre lo claustrofóbico y lo cutre.


Techos del aeropuerto
Si lo que se buscaba en cambio es que el turista encontrara una instalación limpia, el resultado está nuevamente bastante lejos del objetivo. Las grandes, incluso absurdas dimensiones de la terminal hacen que el personal de limpieza sea claramente insuficiente, a esto se suma la gran cantidad de ventanales, y como no, el suelo de piedra utilizado, todo un paraíso absorbente para líquidos y manchas. ¿Y qué decir de la señalización? Quizás lo más importante en una infraestructura de este tipo y totalmente ineficaz en el aeropuerto palmero, llegar desde el mostrador hasta el control de seguridad únicamente es posible preguntando o guiado por la intuición.


Por último cabe una mención a los baños, de acero y dignos de ser portátiles de cualquier macrofiesta, la imagen de desolación de espacios vacíos, que no parecen estar pensados para ubicar nada útil, un parque infantil tipo plaza de pueblo, pero carente de tobogán alguno, y seguramente más cosas que quién les escribe irá descubriendo en las próximas visitas. En mi último paso escuche como una señora peninsular, indignada con las malas indicaciones de la terminal, mencionaba “no se para que lo abren si está sin terminar”. Alguien le debería haber contestado: no señora, está terminado y es lo que les espera a los palmeros durante muchos años.

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